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Editorial del periódico de CNT Valladolid: reconstruir el sindicalismo

Empezamos el mes de octubre con el cierre de la factoría de LAUKI
a la orilla de la esgueva. Crónica de una muerte anunciada en un caso
que nada tiene de especial. El cierre de empresas, las
reestructuraciones, los despidos y el aumento constante de la
explotación son el día a día con el que nos enfrentamos todas las
trabajadoras.
Aunque al boletín propagandístico de
Vocento en la provincia – El norte de castilla- le sorprenda, que haya
empresas despóticas que toman decisiones arbitrarias por puro interés no
se debe a que sean “francesas”, como constantemente nos recuerdan. Lactalis, Bricomart o Renault
siguen la misma lógica que las PYMES nacionales que se nos pintan como
santas creadoras de empleos: el aumento constante de las ganancias a
costa de exprimir al trabajador.
El cierre de LAUKI no es un ataque a Valladolid, como la casta política y mediática se ha empeñado en señalar. El cierre de LAUKI es OTRO ataque a nuestra clase, como lo son las leyes regresivas o cada hora extra gratuita que hace un trabajador. Sin ese enfoque no hay solidaridad posible y el resultado de las luchas es muy pobre. El apoyo a las movilizaciones de LAUKI ha sido muy vago por parte de los trabajadores de la ciudad, eso es un hecho, pero a eso nos tienen acostumbrados los representantes de los trabajadores. Cuando hay una crisis, los representantes de los distintos comités de empresa se dedican a visitar despacho tras despacho y a dar entrevista tras entrevista, dejando en vía muerta la solución sindical.
Por eso es imprescindible reconstruir el sindicalismo y que sean los sindicatos quienes lleven la iniciativa en las luchas laborales. Es imprescindible que cuando cierre une fábrica, sean las secciones sindicales del resto de empresas las primeras en movilizarse, porque ahí está la solidaridad entre iguales que puede hacer cambiar las cosas. Es imprescindible porque nos lo jugamos todo.
La simple movilización no lo es todo, eso está claro. Necesitamos conocer y ampliar los derechos que durante nuestra historia hemos conquistado, pero eso también se hace desde el sindicalismo y sus aliados como hemos visto recientemente. [1][2]
Ejemplar ha sido la lucha sindical de los trabajadores de CocaCola en Fuenlabrada durante años, o la de los mineros de las cuencas astur-leonesas. Ejemplar es la lucha sindical en el telemarketing. Ejemplar es la lucha de los trabajadores en Francia contra la reforma laboral o en la India por el aumento de salarios. Luchas sindicales que pueden dar victorias, porque se apoyan en nuestra única fuerza: la solidaridad de clase.
El cierre de LAUKI no es un ataque a Valladolid, como la casta política y mediática se ha empeñado en señalar. El cierre de LAUKI es OTRO ataque a nuestra clase, como lo son las leyes regresivas o cada hora extra gratuita que hace un trabajador. Sin ese enfoque no hay solidaridad posible y el resultado de las luchas es muy pobre. El apoyo a las movilizaciones de LAUKI ha sido muy vago por parte de los trabajadores de la ciudad, eso es un hecho, pero a eso nos tienen acostumbrados los representantes de los trabajadores. Cuando hay una crisis, los representantes de los distintos comités de empresa se dedican a visitar despacho tras despacho y a dar entrevista tras entrevista, dejando en vía muerta la solución sindical.
Por eso es imprescindible reconstruir el sindicalismo y que sean los sindicatos quienes lleven la iniciativa en las luchas laborales. Es imprescindible que cuando cierre une fábrica, sean las secciones sindicales del resto de empresas las primeras en movilizarse, porque ahí está la solidaridad entre iguales que puede hacer cambiar las cosas. Es imprescindible porque nos lo jugamos todo.
La simple movilización no lo es todo, eso está claro. Necesitamos conocer y ampliar los derechos que durante nuestra historia hemos conquistado, pero eso también se hace desde el sindicalismo y sus aliados como hemos visto recientemente. [1][2]
Ejemplar ha sido la lucha sindical de los trabajadores de CocaCola en Fuenlabrada durante años, o la de los mineros de las cuencas astur-leonesas. Ejemplar es la lucha sindical en el telemarketing. Ejemplar es la lucha de los trabajadores en Francia contra la reforma laboral o en la India por el aumento de salarios. Luchas sindicales que pueden dar victorias, porque se apoyan en nuestra única fuerza: la solidaridad de clase.
La lucha del sector de la sanidad es una inspiración para toda Barcelona. La solidaridad social, que durante tanto tiempo parecía haber muerto, está resucitando. Cada día hay más apoyo, pero todavía falta mucho. En Grecia, bloquearon todo el país, se enfrentaron a la policía, quemaron bancos y todavía aprobaron los recortes. Esta lucha, sino se rinde pronto, tendrá que durar mucho tiempo. Los ricos y sus políticos—y no hay político ni institución del Estado Democrático que no pertenece a los ricos—están convencidos en quitarnos el estado de bienestar, privatizando, entreotros servicios, la sanidad. Aquí no pretendemos escribir ningún elogio a la socialdemocracia. Ésta también fue una indignidad basada en la explotación, la exclusión y el control social, y logró destruirnos como clase, adoctrinarnos con la cultura y los valores fétidos de nuestros señores, engañarnos con la mentira democrática de que todos somos iguales. Si somos conscientes, no echaremos de menos a la socialdemocracia. Pero el porvenir que quieren proporcionarnos es aún peor.
Los estados europeos sólo rindieron los privilegios venenosos de la socialdemocracia para apagar las luchas extremadamente fuertes de principios del siglo pasado. Si queremos salvar la sanidad tendremos que crear luchas aún más fuertes. Pero no se puede dar un paso hacia atrás. Las cosas nunca van a ser como antes.
Cuando vivimos cosas tan fuertes tenemos que dejarnos cambiar. En la lucha por la sanidad pública estamos volviendo a conocer la solidaridad, y en las calles empezamos a vislumbrar la posibilidad de un futuro mucho más bonito.
Porque la sanidad pública no iba bien. Para ser honestos, hay que admitir que la sanidad pública de la sociedad capitalista jugaba su papel en la guerra contra todas y todos. La economía trata a las personas como máquinas y necesita un servicio sanitario que también nos trate como máquinas, que nos llene de pastillas para silenciar los síntomas, que niegue nuestra autonomía y que nos someta a la autoridad de un profesional que pretende conocer nuestros cuerpos mejor que nosotros mismos. Pero a menudo, la enfermedad es un intento del cuerpo de comunicar, de decir que aquí, algo va mal. Estamos gastando las vidas en trabajos indignos que nos matan poco a poco, pasando los días en el coche, atado a una máquina u ordenador o frente a una tele, comiendo comida industrial poco sana, respirando aire contaminado. La sanidad pública ha servido para cumplir la función de facilitar ésta miseria, curando las síntomas y obviando las causas.
Mas allá, la medicina occidental tiene una historia bastante sórdida, como todas las profesiones de nuestra sociedad. A los ejércitos y a la policía, nunca les falta médicos para asistir en las guerras o en los interrogatorios. Otros participan en la experimentación animal, mientras que otros sirven como carceleros en los manicomios. Y hace falta destacar la colaboración con la industria farmacéutica. Históricamente, la profesión médica ha sido un instrumento en el desarrollo del capitalismo y la nueva religión racionalista que trata a los cuerpos como máquinas mudas y explotables; de igual modo ha servido al patriarcado para reprimir y patologizar a las mujeres y las personas trans.
Se podrían encontrar problemas parecidos con todas las profesiones, desde las fábricas a los institutos. No pretendo echar culpa, sino decir lo evidente: vivimos en condiciones indignas que nunca hemos elegido. Ahora, ya que nos estamos conociendo en las calles y creando una fuerza colectiva, es el momento para soñar y para ir más lejos. La gente de la sanitad son los que nos curan. Pero en una sociedad solidaria en vez de capitalista, “curar” tiene un nuevo sentido.
La lucha en los hospitales sólo puede conseguir más fuerzas a través de la solidaridad. Pero la solidaridad tiene que ser mutua, también ha de cambiar el que la pide. Con el espíritu de solidaridad, queremos criticar la función de la medicina profesional en el sistema occidental, sabiendo que la sanidad va a cambiar para siempre. O se la va a privatizar o se tendrá que cambiar por completo, ligándose no al Estado, que no tiene más interés en subvencionarla como servicio público, sino ligándose a las luchas de una sociedad que está intentando emergir del coma de la alienación burguesa a la cuál sela ha sometido.
Vemos la posibilidad de hospitales colectivizados, no sólo entre las trabajadoras sino también entre las pacientes, conectándose con redes de mecánicos y profesores y otras personas autoorganizadas. Pero primero hay que elegir: ¿estamos del lado de los ricos, de su policía, de su democracia, de sus instituciones, de su Estado? ¿O estamos del lado de la gente humilde y rebelde, de las personas que creemos en la solidaridad y en el apoyo mutuo?
Por el triunfo de todas las luchas sociales, contra la codícia, el poder, el cinismo, las mentiras y todo obstáculo a la libertad.
¿Sanidad Pública,
Sanidad Privada
o Sanidad Colectiva?